January 2011
Mi poder es increíble.
Puedo nadar en aguas desconocidas
manchándolas de azul, después de gris.
Recorro galerías vivas
mirando mi espectro pasar.
Nunca permanece, solo es pasajero.
Me bifurco una y otra vez, una vez más,
donde me pierdo y encuentro la nada.
letras insípidas.
Un trozo de hierro me hace pesar, muy hondo
acá en mis entrañas, aunque mi rostro tenga una sonrisa.
¡Sumerge mi cabeza una vez más!
¡Qué no daría por verte a los ojos de nuevo!
¡Qué sutil! resulta
el inicio de un caos
premeditado… ciego
de intenciones benévolas.
Cuando despertó aún estaba desorientado. Se tocó la cabeza como era de esperar, pasó una mano por su cara antes de esparcir un grito ahogado por los pasillos; los más concurridos tal vez de toda la capital por todo tipo de gente en busca de todo tipo de cosas, ahora estaban vacíos. Empezó a sudar e ignoro el dolor en su tez, ahora era más preocupante saber donde se hallaba, ¿Cómo había llegado ahí? Todo era muy confuso. El sudor frío bajaba por su espalda, apenas se había erguido. Miro en derredor y en medio de todos esos cables y latas apenas visibles percibió que estaba allí en el lugar más colorido y apacible El Mercado Central. La única diferencia era la ausencia casi total de luz, esto hizo que saltara y cayera aparatosamente, un azulejo se quebró, omitió el dolor en su rodilla cuando divisó el rostro de Jesús, la cúpula del sagrado corazón contenía aquel rostro compasivo y silencioso que le pareció un poco tétrico en aquel momento, y ¿Qué de todo aquello no lo era? No sabía como había llegado ahí. Comenzó a correr y su corazón se aceleraba a cada zancada torpe. ¿Hacia dónde corría? Algo sonó como una cucaracha aplastada, estaba descalzo. Buscó un claro de luz e intento tranquilizarse. ¿Qué estaba pasando? Respiró profundo… 1… 2… 3… lento y tranquilo. Vio hacia la derecha y a la izquierda no había nada, nada por qué preocuparse, solo era un montón de tramos cerrados, caminaría buscando la luz de la entrada y ahí hablaría con algún oficial de seguridad, después sabría cómo habría ocurrido todo eso y en menos de dos días podría estar de nuevo firmando papeles en su oficina. Así que dio el primer paso inseguro aún, y el segundo y así continuo caminando sin rumbo en realidad.
Tenía los pies muy fríos, la cabeza hacia atrás y la silla en la que estaba a punto de desplomarse, poco a poco a punta de sobresaltos salió del ensueño, miró el pasillo q tenía enfrente y saltó dando gritos desesperado, el eco parecía más tenso aún al volver esto le hizo estremecerse, miró sus pies mojados…se levantó y se apoyo en una cortina de hierro grasosa. Todo estaba terriblemente oscuro, lo único que recordaba era cuando se despedía de su hija, ahora se sentía descompensado y lleno de horror. Escuchó un sonido animal cerca suyo… ¿Un perro… un gato o un conejo que era? Descubrió que estaba dentro de la cortina y se alejo tropezando en la silla, soltó un grito y dentro de esa cortina comenzaron a agitarse otras criaturas, otro grito le respondió a lo lejos… ¿Era un grito humano?
Ahora sí, algo no estaba bien de alguna manera en otra parte del mercado alguien o algo se había despertado, ya no era suficiente con respirar profundo necesitaba hallar una salida pronto. Cada uno corría respirando entrecortadamente por los pasillos estrechos no encontraban la luz al final, el mercado poco a poco despertaba, comenzaba crujir y rechinar, los animales se movían entre sus jaulas y aquel laberinto parecía interminable. Se detuvo, ya no soportaba su rodilla, había perdido el equilibrio, temía desmayarse. (Solo tenía una imagen borrosa de una señora sosteniendo una muñeca).
- ¿Quién está ahí?- preguntó al ver a alguien llegar agitado. (Notó que su voz ya no era la misma)
Un murmullo crecía poco a poco junto al lugar donde se había encontrado en la yerbería .Era un sonido gutural y profundo ambos se dirigieron miradas interrogativas. Una sombra-humo comenzó a elevarse mientras ellos se iban alejando lentamente, un gallo cantó y la sombra se posó sobre ellos. Sus gritos se esfumaban en el sonido que se había convertido en un chillido hirviente, el hedor del ambiente era insoportable, sentían un aleteo desordenado en sus cabezas, algunas ‘cosas’ chocaban contra las cortinas de hierro, una debilidad se apodero de ellos, imágenes surreales y bizarras pasaron en sus ojos mientras sentían apagarse y caer, estaba helado, la imagen de una nigüenta en risas fue lo último que vieron, ahí recordaron todo.
El 22 de diciembre el mercado se mantuvo cerrado hasta las 9:30 un caos para muchos, el OIJ tardó mucho tiempo en el protocolo, dos cuerpos masculinos de unos 25 años, no estaban heridos, solo había dos señas muy particulares: ambos tenían un gesto de horror indescriptible y su pie derecho en la misma posición que lo sostiene una nigüenta.
Doña Maite recogió la pequeña muñeca aún llena de cenizas, y sonrió complacida entrando en su chinamo de hierbas. Y la muñeca sonrió también.
Alejandro M.C. - 2011![]()
Yeah it’s real.
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